Tiempo libre, libertad, cierta autonomía, muchos deseos, muchos pensamientos bulléndome en la cabeza, cosas pasadas, presentes, futuras y un árbol frente a mi, un mirlo que trina en el silencio de la tarde y la certeza de que lo mejor está por venir. Me conozco, se que soy muy impulsivo y he de tener mucho cuidado. Recuerdo una palabra que mi padre, al que tanto hecho de menos, me inyecto por vía intracerebral: prudencia, (aunque nunca la tuve). Si, realmente ahora más que nunca la necesito, e incluso, debería ser una constante en mi nueva vida, junto al amor. De repente acabó tener una extraña percepción, una de esas cosas que a veces sentimos; pero que no tenemos la certeza de que sea algo real, porque muchas veces el estado de ánimo modula la percepción de las cosas, puede que en parte sean como las vemos, aunque hay mucho de nuestra capacidad para gestionar lo que sentimos.
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