24 de Marzo. 2012.
Hoy también es un día especial. Son un poco más de las doce del mediodía y estoy empapado de paz. Que curioso, justo ayer por la mañana tenía una horrible depresión, y ahora soy inmensamente feliz.
Esta mañana de sábado he salido temprano a pasear. El día es magnifico y he venido una vez más a este paraíso de la Rotes Tor. Llevo aquí más de media hora y aún no he visto a nadie.
En la mochila tengo algunas películas que he sacado de la biblioteca, un par de libros y algunos cedes. Este es mi alimento: el cine, la música, la literatura, me dan la vida. Tengo además algunas cosas de manualidades empezadas, también me ayudan mucho, sobretodo los tapices con cuerdas un poco más gruesas; pero aún no he hecho ninguno desde que vivo aquí en Augsburg con un mínimo de libertad y recursos. No me acabo de situar. Hay prioridades, aprender alemán y buscar un trabajo; sobretodo ahora que el gobierno se ha puesto serio con respecto a las ayudas a extranjeros y ya no dan más ayudas, e incluso, parece ser, que pueden quitárselas a los que ya tenemos alguna. Es por esto que también estoy como siempre en la cuerda floja, con esa sensación de provisionalidad, de transitoriedad en la que no parece tener sentido hacer muchos planes sino más bien aprovechar el momento y estar abierto, atento a todo, sin dormirse demasiado.
Siento un gran alivio cuando el sol calienta mi piel, es como una suave caricia. Hay un árbol enorme enfrente de mí, la hierba, hay silencio, a veces un suave murmullo de pájaros jugueteando entre las ramas de los árboles; pero nada más. Muy al fondo un rumor apagado de tráfico, el propio de una ciudad tranquila. Augsburg es una ciudad tranquila. Aunque a veces se oye el estruendo de un camión de bomberos, una ambulancia o la policía.