sábado, 24 de marzo de 2012

Un árbol, el árbol.

24 de Marzo. 2012.

Hoy también es un día especial. Son un poco más de las doce del mediodía y estoy empapado de paz. Que curioso, justo ayer por la mañana tenía una horrible depresión, y ahora soy inmensamente feliz.
Esta mañana de sábado he salido temprano a pasear. El día es magnifico y he venido una vez más a este paraíso de la Rotes Tor. Llevo aquí más de media hora y aún no he visto a nadie.
En la mochila tengo algunas películas que he sacado de la biblioteca, un par de libros y algunos cedes. Este es mi alimento: el cine, la música, la literatura, me dan la vida. Tengo además algunas cosas de manualidades empezadas, también me ayudan mucho, sobretodo los tapices con cuerdas un poco más gruesas; pero aún no he hecho ninguno desde que vivo aquí en Augsburg con un mínimo de libertad y recursos. No me acabo de situar. Hay prioridades, aprender alemán y buscar un trabajo; sobretodo ahora que el gobierno se ha puesto serio con respecto a las ayudas a extranjeros y ya no dan más ayudas, e incluso, parece ser, que pueden quitárselas a los que ya tenemos alguna. Es por esto que también estoy como siempre en la cuerda floja, con esa sensación de provisionalidad, de transitoriedad en la que no parece tener sentido hacer muchos planes sino más bien aprovechar el momento y estar abierto, atento a todo, sin dormirse demasiado.
Siento un gran alivio cuando el sol calienta mi piel, es como una suave caricia. Hay un árbol enorme enfrente de mí, la hierba, hay silencio, a veces un suave murmullo de pájaros jugueteando entre las ramas de los árboles; pero nada más. Muy al fondo un rumor apagado de tráfico, el propio de una ciudad tranquila. Augsburg es una ciudad tranquila. Aunque a veces se oye el estruendo de un camión de bomberos, una ambulancia o la policía.

lunes, 5 de marzo de 2012

El verano continua a ritmo de blues

Ya ha pasado una parte de Agosto, pronto obtendré la respuesta que estoy esperando, mientras tanto pasan cosas importantes en  mi vida. Realmente cada día es una experiencia llena de enseñanzas, a veces tan sutiles que no podría trasladarlas aquí. Lo importante es que mi vida está cambiando de forma considerable. Mi relación familiar, por ejemplo, que nunca ha sido buena y que siempre me traía de cabeza, aunque estos últimos tres años con el alejamiento, la distancia, se había normalizado bastante, normalizado en el sentido de que era nula; pero yo siempre tenía la sensación de que en cualquier momento se reanudaría, sin embargo al final lo que ha resultado es que se ha acabado por extinguir. Ahora es cuando verdaderamente he roto con mi pasado.
En otro momento continuaré con esta historia. Ahora es momento de volver a presente, de poner los pies en el suelo y hablar un poco de mi realidad, de mi situación actual, que no es otra que la de seguir esperando; pero ahora solo es cuestión ya de un par de semanas. Este tiempo se me ha hecho realmente largo. Son casi dos meses yendo de aquí para allá, con papeles, buscando trabajo... y cuando por fin comienzo el curso de alemán, resulta que justo a las dos semanas, comienzan otras dos semanas de vacaciones. Por tanto este mes de Agosto se me está haciendo especialmente duro, porque también además los de la misión están todo el mes de vacaciones con lo que ese rato de los domingos en que iba a misa y después comía con ellos, durante este mes no puedo contar con ello y los domingos son especialmente duros cuando estás en mi situación. Y encima les pido un poco de ayuda a mis hermanos y me dan la espalda, con lo que yo bastante enfadado con ellos rompo definitivamente toda relación con mi familia, que de todas formas ya estaba rota; pero ahora ya es para mí la certeza de que por fin he roto todas las cadenas que tanto me han destruido y por fin soy libre. Es duro; pero vale la pena. De modo que este mes de Agosto viene cargado de sorpresas para mí, pruebas duras de una parte; pero hermosas recompensas por otra. Mi esperanza es que al fin, antes de que acabe el mes tendré el permiso definitivo de residencia aquí en Alemania, tendré un lugar decente donde vivir y todo cuanto necesito para ser feliz y vivir en paz, haciendo lo que me de la gana con plena libertad. Y aún espero más cambios, se que ahora a mis 49 años, mi vida va a cambiar completamente y voy a ser por fin completamente feliz. Lo pone en las lineas de mi mano. La gitana me lo desveló.

jueves, 1 de marzo de 2012

Scherzo al viento

En el escenario anteriormente descrito:                                                                                   Son las diez de la mañana, otoño, hace sol y alguien asoma por un lado, es un hombre de unos 60 años, lleva una bolsa de supermercado, se dienta en un banco y descansa pensativo mirando al vacío, saca una cerveza de la bolsa, la abre y bebe, enciende un pitillo y escucha el ruido del tráfico, el canto de los pájaros que revolotean entre las ramas de los árboles. Enseguida llega una señora con una niña de unos tres años, se sienta en otro banco, abre un libro y lee mientras fuma también. La niña juega entre los jardines, el hombre la mira con una mezcla de dolor y placer, la niña se le acerca y le muestra su muñeca de trapo; pero cuando el hombre se dispone a decirle algo, la señora la llama s su lado, la niña acude relatando no se qué y permanece sentada en el suelo cerca de su madre jugando con su muñeca. La madre continua leyendo y fumando y el señor mayor vuelve a sus pensamientos mientras apura su cigarro y termina su cerveza; la mirada triste, perdida en algún punto del horizonte.
El cielo comienza a cubrirse de nubes.
Aparece más gente. Esta vez un grupo de jóvenes, punkis, alborotan. La mamá y la niña se van, el anciano continua impasible. Los jóvenes, ya en claro estado de embriaguez reparan en el anciano y le interpelan. Este parece como que regresando de un lejano viaje no quisiera saber nada de nadie. Tan honda y antigua es su soledad que su sola mirada infunde respeto, (quien a simple vista parece un anciano indefenso y alcoholizado es capaz de hacer temblar a un puñado de punkis sin sentido alguno del respeto). Ellos callan y le ignoran regresando a sus historias.
Por un lado aparecen dos ancianos, un matrimonio, ella invidente con gorra blanca y gafas negras y él ofreciéndole su brazo del que camina cogida, también con gafas negras y gorra blanca, pasean como si su vida dependiera de esos automáticos paseos en los que ella arrastra su bastón sobre el paseo de tierra y lo levanta cuando el suelo es mas duro. Dan una vuelta y otra, hasta que determinan regresar a su casa.
Ahora el sol brilla de nuevo, es otro día de otro año, de otra vida, quizás. Aquel antiguo paseo ahora se nos ofrece vacío, abandonado, sin gente, sin animales, solo con algunas flores pero tristes porque ya nadie las contempla. Aquellos jóvenes punkis ya son unos estrafalarios ancianos a quienes se les escapa poco a poco aquella vida desenfrenada y despreocupada. Ahora su mirada es profunda y cargada de melancolía, van al mismo jardín, se siguen sentando en los mismos bancos; pero su alma ya no es la ayer.
Ahora siguen viniendo madres con sus pequeños a recrearse en los jardines llenos de flores, donde brilla el sol entre las sombras de los árboles. Se oyen los pájaros interpretando una alegre sinfonía, acompañados por la música clara y en continuo cambio del agua que corre por el canal. La vida revolotea, se manifiesta en cada objeto, en cada persona, en todo lo que puede verse e incluso en lo que no se ve, en lo que se siente, en lo que se oye, en lo que se respira y se huele, se muestra como el agua de las fuentes, los canales y los estanques, en cambio constante, las cosas que ayer estaban a nuestro alcance hoy ya no están, y las que hoy están, mañana no estarán, ni nosotros, entonces serán otros quienes respiren, lloren, rian, paseen en estos jardines. Solo la VIDA, eterna e inmutable nos sobrevive y nos hace sobrevivir.